sábado, 20 de diciembre de 2014

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miércoles, 17 de diciembre de 2014

LA POLÍTICA de partidos EN LA EDAD CONTEMPORÁNEA

DEFINICION IDELOOGÍA POLITICA
CLASIFICACIÓN DE LAS IDEOLOGÍAS POLITICAS
Hoy en día para clasificar las ideologías políticas todavía usamos el vocabulario acuñado durante la Revolución Francesa y las revoluciones liberales.
La principal clasificación de ideologías políticas usa un eje de "derecha" a "izquierda". Durante la Revolución Francesa los diputados de la Asamblea Constituyente sentados a la derecha eran los nobles y los miembros del Tercer Estado a la izquierda. la "izquierda política" apoyaba la república, la separación Iglesia-Estado y los derechos individuales la "derecha política" apoyaba los intereses del rey, la nobleza y la Iglesia. La izquierda politca correspondera a la burguesia como grupo social frente a la derecha politica formada por nobles.


los que ocupan el lugar inermedio son los centristas o moderados. RADICALES EN AMBOS LADOS EXTREMA DERECHA Y EXTREMA IZQUIERDA. CONSERVADORES VS RADICALES.


LIBERALISMO CENSITARIO
LIBERALISMO DEMOCRATICO
SOCIALISMO DEMOCRATICO

derecha política izquierda política


EL eje politico se va desplazando segun cambia la sociedad determinadas ideas son aceptadas por la mayoria de la sociedad y los pocos que las rechazan no tienen representación política.

 en la primera mitad del  siglo XIX el liberalismo censitario se impone en varios paises, los absolutistas dejan de tener una representacion parlamentaria significativa y se convierten en extrema derecha, los liberales moderados que representan los intereses de la alta burguesía representan la derecha los liberales progresisita que representan los intereses de la pequeña burguesis ay las clases populares urbanas son entonces la izquierda. fuera dle parlamento la extrema izquierda

Em la segunda mitad del siglo XIX CON LA EXTENSION del sufragio universal obtienen representación politica nuevos grupos sociales. La extrema derecha sigue en manos de monarquicos abosolutistas o de convervadores autoriatorios y contrarios al librecambio la derecha la forman los liberales y la izquierda empiezan a formarla partidos socialistas marxistas. Surge el centro vinculado a los democratas los republicanos y la democracia cristiana





 Este espectro político tradicional está definido a lo largo de un eje con el conservadurismo y la teocracia (“la derecha”) en un extremo y el socialismo y elcomunismo (“la izquierda”) al otro (el fascismo no se incluye en ninguno de los dos extremos ya que es totalitarista, véase el gráfico más arriba). 



    • La participación del gobierno en la economía debe ser intervencionista/socialista (izquierda) o laissez faire/capitalista (derecha). Ésta ha sido la distinción fundamental en la mayoría de los países durante la mayor parte del siglo XX.
    • La participación del gobierno en los asuntos éticos debe ser mínima (izquierda) o intervencionista (derecha).
    • El gobierno debe ocuparse de asuntos como la sanidad y las pensiones (izquierda) o los individuos deben encargarse de los mismos (derecha).
    • En los asuntos económicos y financieros, la tendencia hacia la seguridad económica (izquierda) o hacia la libertad económica (derecha).
    • Los partidarios del cambio (izquierda) y aquellos que prefieren mantener el orden establecido (derecha). Propuesta de Eric Hoffer.
    • Creencia en que la sociedad humana es maleable (izquierda) o fija (derecha). Propuesta de Thomas Sowell.




    Tres problemas de la Universidad, de Francesc de Carreras en El País


    LA CUARTA PÁGINA
    La deficiente formación primaria y secundaria, los criterios endogámicos de selección del profesorado y la perversión de la autonomía y la democracia internas determinan el pésimo rumbo de la enseñanza superior
    En este periódico se están publicando una serie de reportajes para averiguar la situación de nuestra Universidad. Nada más oportuno. En los últimos tiempos, en estos años de aguda crisis económica, se ha dado la impresión de que los únicos problemas de la Universidad pública eran debidos a los recortes presupuestarios. Ojalá fuera así; se trataría sólo de problemas económicos. Sin embargo, los verdaderos problemas son de mayor calado y de más difícil solución. Es más, y esto es lo peor, creo que el rumbo por el que discurre la política universitaria es básicamente equivocado: la situación se agravará y enderezar este rumbo no resultará fácil. Factores internos y externos a la Universidad lo dificultan seriamente.
    Así pues, al hilo de las crónicas de EL PAÍS, aprovecho la ocasión para exponer algunos, sólo algunos, de estos problemas. El primero es externo a la Universidad, aunque decisivo por su repercusión en ella. Me refiero a la formación que los estudiantes reciben en la enseñanza primaria y secundaria, una formación sumamente deficitaria cuando menos a dos niveles: ni adquieren suficientes conocimientos generales ni tampoco el hábito de estudiar. La responsabilidad principal es del modelo pedagógico. Un modelo en el que se ha dado prioridad a preservar una supuesta felicidad idílica del niño y del adolescente, evitarle imaginarios traumas psicológicos, subestimando así la adquisición de conocimientos básicos; y, sobre todo, no enseñándole que, en la vida, todo aprendizaje exige esfuerzo. La subestimación de las calificaciones escolares, el rechazo de la memoria como instrumento del saber y la sustitución de los exámenes por sencillos trabajos escolares han resultado técnicas perniciosas para la educación de los jóvenes.
    Esta filosofía pedagógica que empezó en primaria y luego se extendió a toda la secundaria ha provocado que los estudiantes accedan a la Universidad indefensos ante lo que se les viene encima: no sólo escriben muy defectuosamente, sino que el simple hecho de leer les supone un esfuerzo insuperable. Los más capacitados saben espabilarse solos; el resto, desorientado, se queda por el camino. El mal causado, en muchos casos, es irremediable: aquello que no se les enseña en primaria y secundaria es muy difícil que se aprenda después en los estudios superiores. Por el momento, no se advierte rectificación alguna ante tan desastrosa situación. Por el contrario, este modelo pedagógico se está trasladando a la Universidad.


    Un segundo problema está en los criterios de acceso al profesorado, una de las claves para toda Universidad de calidad. El tradicional sistema de oposiciones —es decir, de pruebas públicas ante un tribunal elegido por sorteo entre especialistas en una materia específica— ha subsistido hasta el año 2007, en el que la vigente ley de universidades, la LOU, lo reformó profundamente: la oposición se ha substituido por la acreditación, la cual consiste en que una comisión, designada por el Ministerio de Educación, formada por profesores de distintas materias —no necesariamente por expertos en la especialidad de quien se presenta— y sin dar publicidad alguna a sus deliberaciones, examina el currículum del concursante y le acredita o no como profesor en alguno de los diversos grados docentes.
    Ciertamente, como es bien sabido, el sistema de oposiciones anterior, en todas sus diversas variantes, no garantizaba de manera infalible la selección de los mejores. Ningún sistema de selección de personal es perfecto. Ahora bien, cuando menos, el tribunal que seleccionaba a los profesores estaba compuesto, primero, por especialistas en la materia; segundo, estaban designados, en todo o en parte, por sorteo y los concursantes realizaban unas pruebas donde sus méritos se debatían en público.
    En el sistema actual, en cambio, el tribunal no está formado por especialistas. Es designado por un órgano vinculado al ministerio, juzga a los candidatos sin pruebas públicas y ni siquiera llega a entrevistarles personalmente. Los criterios mediante los cuales la comisión adopta sus decisiones son simplemente cuantitativos: número de libros o artículos publicados, años de docencia y antigüedad, cargos académicos desempeñados. En ningún momento se comprueban los conocimientos del concursante ni su grado de preparación para la tarea universitaria. El campo para la arbitrariedad escapa al control de los mismos miembros de la comisión. Una vez el concursante resulta acreditado, la asignación a la plaza es determinada por las propias universidades. Las facilidades para la famosa endogamia son mucho mayores que antes.
    A mi modo de ver, el profesorado universitario debe seleccionarse, bien mediante pruebas objetivas y públicas para acceder a la condición de funcionario, bien mediante contratos temporales. Todo sistema intermedio, como es el actual, conduce a la no distinción entre los competentes y los mediocres. Es decir, es el menos estimulante de los escenarios.
    En tercer lugar, el gobierno de las universidades cambió radicalmente, como era inevitable, al desarrollar la autonomía que prescribe la Constitución. Pero a la autonomía se le añadió, de forma confusa, la denominada democracia universitaria. En el nombre de ambas se han justificado medidas y actitudes que, en realidad, lo único que han reflejado es la perversión de ambos conceptos.
    La autonomía universitaria no es política —como la de las comunidades autónomas, por ejemplo—, sino que es funcional; es decir, las competencias que la Universidad ostenta en virtud de su autonomía no tienen como finalidad defender los intereses generales sino la libertad académica, o sea, la libertad de enseñanza y de investigación. Por tanto, la Universidad es autónoma de forma limitada, es decir, sólo en función de la garantía de la libertad académica; no es autónoma para tomar decisiones en todas las materias que le afecten.
    En este último aspecto, las universidades están, o deberían estar, sometidas a los poderes públicos competentes —Estado y comunidades autónomas— por dos razones: primera, porque la sociedad está interesada en las funciones docentes e investigadoras que la Universidad realiza; es decir, en tener una fuerza de trabajo compuesta por buenos especialistas en los distintos saberes y profesiones. Y segunda, porque esta es la razón por la cual, con el dinero de todos los contribuyentes, las Administraciones financian las universidades públicas, ya que las tasas de los estudiantes solo cubren el 15% de los gastos, y los ingresos propios el 5%, con lo que el 80% restante corre a su cargo. Por tanto, si bien las decisiones de estos poderes públicos no pueden afectar el ámbito de la libertad académica, en las demás cuestiones la competencia debe ser estatal o autonómica, de acuerdo con el adecuado reparto de competencias.
    En efecto, las autoridades universitarias no tienen legitimidad democrática para asuntos de interés general, dado que el cuerpo electoral que elige los cargos universitarios está compuesto por un reducido grupo de ciudadanos con unos intereses particulares: profesores, estudiantes y Personal de la Administración y Servicios (PAS). Sin embargo, la autonomía universitaria ha sido tan malentendida que, en cierta manera, se tiende a considerar que todo lo que afecta a la Universidad debe ser decidido por las autoridades académicas. Ello es un error respecto al concepto mismo de democracia.
    Las materias de interés general deben ser reguladas por los representantes de los intereses generales, por los poderes públicos, cuya legitimidad proviene del pueblo. Si no fuera así, algo que es de naturaleza pública estaría gobernado por los representantes de unos intereses particulares, especialmente por los intereses de quienes tienen mayor peso, los profesores, que, lógicamente, no atienden a los fines públicos sino a los intereses de su corporación. Así pues, la forma de gobierno de la Universidad no es democrática, sino corporativa: nada que ver con la idea de democracia.
    Estos son algunos problemas de la Universidad pública. Pero hay muchos más. Habrá que seguir reflexionando.
    Francesc de Carreras es profesor de Derecho Constitucional.

    Historia partidos políticos

    Los partidos políticos nacen en el siglo XVIII en el parlamento inglés, y se extienden por el resto de Europa tras las revoluciones liberales que extienden los regímenes constitucionales y parlamentarios.
    En el desarrollo de los partidos políticos se pueden señalar dos fases:

    Partidos de notables o partidos de élites (1700-1870): Son los partidos propios de los parlamentos elegidos mediante sufragio censitario. Al ser el número de electores (votantes) limitado cada partido solo tiene un minúsculo grupo de miembros en cada localidad. Lo importante son las relaciones personales y los contactos que permiten conseguir los pocos votos disponibles. Estos partidos se llaman de notables o de élites porque solo los hombres con una renta elevada tenían derecho a votar y a ser elegidos, lo que se explica también porque los cargos políticos no tenían salario. La autonomía económica de estos políticos hace que cambien su opción política con facilidad. Los gastos de estos partidos eran escasos y necesitaban poco dinero para funcionar. El objetivo de estos partidos era gestionar el gobierno para favorecer a sus votantes.

    Partidos de masas (1870-2015): Son los partidos propios de los parlamentos elegidos mediante sufragio universal. La extensión del derecho a voto en la segunda mitad del siglo XIX y el establecimiento de democracias produjo un nuevo modelo de partido político. Estos surgen inicialmente asociados a grupos extraparlamentarios (sindicatos, periódicos...). Ahora los partidos políticos pretenden llegar a toda la sociedad, y eso lo logran mediante la movilización, una dinámica de acción en la que participan todos los militantes del partido, que ahora pasan a contarse por cientos de miles. Esto es posible porque se comienzan a establecer retribuciones para los cargos políticos, lo que permitirá que miembros de las clases bajas se puedan incorporar a la vida polítca del país. Surge así también el tipo de político que se identifica plenamente con su partido al depender económicamente de él. Este aumento de los gastos hace que los partidos necesiten más dinero para financiarse, consiguiéndolo a través de cuotas fijas pagadas por los afiliados. Estos nuevos partidos buscan transformar la sociedad en función de su ideología, las ideas según las cuales interpretan la realidad.

    martes, 16 de diciembre de 2014

    Apuntes Bachillerato

    Escribid vuestros textos en comentarios

    lunes, 15 de diciembre de 2014

    examen jueves

    - comparar pensamiento económico de David Ricardo y Adam Smith 1'5 punto
     
    - causas Revolución Francesa 
     
    dos preguntas largas sobre la Revolución Industrial

     pregunta  vocabulario  (tema R.I. y anterior) 1 punto


    Las causas de la Revolución Francesa fueron de dos tipos:

     

    ·      Las causas estructurales (estaban relacionadas con la misma existencia del Antiguo Régimen):

     

    -       Causas económicas: La población campesina estaba descontenta por la gran cantidad de impuestos que debían pagar al rey, a la nobleza y al clero. Durante todo el siglo XVIII los impuestos aumentaron. Los burgueses estaban descontentos por los límites que el sistema señorial ponía a la compraventa tierras. También estaban en contra de la intervención del estado en la economía (monopolios, compañías privilegiadas...). Además todos los grupos del Tercer estado rechazaban que los estamentos privilegiados no pagasen impuestos.

     

    -       Causas sociales: La burguesía se había enriquecido durante el siglo XVIII, sobre todo gracias al comercio, pero, al pertenecer al Tercer Estado y carecer de privilegios, los burgueses no podían ocupar cargos públicos y no participaban en la toma de decisiones políticas. Aunque el trabajo de la burguesía era fundamental para la riqueza de cada reino el sistema estamental no reconocía su importancia.

     

    -       Causas ideológicas: La burguesía francesa estaba muy influida por las ideas de la Ilustración e intentaba ponerlas en práctica. Por ejemplo, los burgueses demandaban que todos los súbditos franceses fueran libres e iguales ante la ley.

     

    ·      Las causas circunstanciales (son las condiciones de un momento concreto que producen el estallido revolucionario)

     

    -       Causas económicas: En los años anteriores al inicio de la Revolución Francesa hubo malas cosechas y, en consecuencia, los precios de los alimentos eran muy altos en las ciudades, con lo que el hambre afectaba tanto a los campesinos como a la mayoría de los habitantes de las ciudades. Esta crisis de subsistencia fue la causa principal en el comienzo de la revolución.

    La pequeña burguesía (artesanos y comerciantes modestos) sufría dificultades económicas a causa de la crisis de subsistencia, del aumento de los impuestos a causa de las guerras y de la creciente competencia de los productos ingleses, pues la industria británica se comenzaba a mecanizar en ese momento produciendo bienes más baratos que los franceses.

    La monarquía francesa estaba en bancarrota (arruinada) por sus excesivos gastos. En las décadas anteriores a la Revolución Francesa los reyes de Francia tuvieron que pedir préstamos para poder participar en la Guerra de los siete años y en la Guerra de la independencia de los Estados Unidos. Además la familia real gastaba grandes cantidades de dinero en palacios, bienes de lujo y fiestas ostentosas. Para mejorar las finanzas del país, los ministros de Luis XVI sugirieron que aumentara los impuestos y que los estamentos privilegiados (nobleza y clero) pagaran impuestos como el resto de la población.

     

    -       Causas políticas: La nobleza y el clero se negaron a pagar los impuestos que los ministros del rey estaban pidiendo que se pusieran. El rey no se atrevió a forzarlos a obedecerle y acabó convocando los Estados Generales.

     

    -       Causas sociales: La clase media (burguesía) y el campesinado estaban irritados por el lujoso estilo de vida de la familia real y de la corte que gastaba gran parte de los ingresos del estado en fiestas y productos de lujo, lo que era criticado por los escritores ilustrados.

    jueves, 11 de diciembre de 2014

    Galicia, nai e señora

    Black Shadow
    https://www.youtube.com/watch?v=7fHQ7rk9I5o

    Negra Sombra musicada por Juan Montes Capón
    https://www.youtube.com/watch?v=-9OFimWCPVE

    Lonxe da terriña, lonxe do meu lar
    https://www.youtube.com/watch?v=HW0HCo7e74k

    Lonxe da terriña
    lonxe do meu lar
    que morriña teño
    que angústias me dan
    non che nego a bonitura
    ceiño desta terriña
    ceiño da terra allea
    ai quen che me dera na miña
    ai meu alala
    cando te oirei
    chousas e searas
    cando vos verei
    son as frores dises campos
    frorentes e bonitiñas
    ai quen aló che me dera
    entre pallas e entre ortigas
    lonxe da terriña
    que angustias me dan
    os que vais pra ela
    con vós me levai
    os que vais pra ela
    con vós me levai
    os que vais pra ela
    con vós me levai

    Negra sombra
    https://www.youtube.com/watch?v=gdnVZE5I8Os

    Cando penso que te fuches,
    negra sombra que me asombras,
    ó pé dos meus cabezales
    tornas facéndome mofa.

    Cando maxino que es ida,
    no mesmo sol te me amostras,
    i eres a estrela que brila,
    i eres o vento que zoa.

    Si cantan, es ti que cantas,
    si choran, es ti que choras,
    i es o marmurio do río
    i es a noite i es a aurora.

    En todo estás e ti es todo,
    pra min i en min mesma moras,
    nin me abandonarás nunca,
    sombra que sempre me asombras.

    Adeus ríos, adeus fontes
    https://www.youtube.com/watch?v=X1Ov9Jryiw0

    Adiós, ríos; adios, fontes;
    adios, regatos pequenos;
    adios, vista dos meus ollos:
    non sei cando nos veremos.
    Miña terra, miña terra,
    terra donde me eu criei,
    hortiña que quero tanto,
    figueiriñas que prantei,
    prados, ríos, arboredas,
    pinares que move o vento,
    paxariños piadores,
    casiña do meu contento,
    muíño dos castañares,
    noites craras de luar,
    campaniñas trimbadoras,
    da igrexiña do lugar,
    amoriñas das silveiras
    que eu lle daba ó meu amor,
    camiñiños antre o millo,
    ¡adios, para sempre adios!
    ¡Adios groria! ¡Adios contento!
    ¡Deixo a casa onde nacín,
    deixo a aldea que conozo
    por un mundo que non vin!
    Deixo amigos por estraños,
    deixo a veiga polo mar,
    deixo, en fin, canto ben quero...
    ¡Quen pudera non deixar!...
    .........................................
    Mais son probe e, ¡mal pecado!,
    a miña terra n'é miña,
    que hastra lle dan de prestado
    a beira por que camiña
    ó que naceu desdichado.
    Téñovos, pois, que deixar,
    hortiña que tanto amei,
    fogueiriña do meu lar,
    arboriños que prantei,
    fontiña do cabañar.
    Adios, adios, que me vou,
    herbiñas do camposanto,
    donde meu pai se enterrou,
    herbiñas que biquei tanto,
    terriña que nos criou.
    Adios Virxe da Asunción,
    branca como un serafín;
    lévovos no corazón:
    Pedídelle a Dios por min,
    miña Virxe da Asunción.
    Xa se oien lonxe, moi lonxe,
    as campanas do Pomar;
    para min, ¡ai!, coitadiño,
    nunca máis han de tocar.
    Xa se oien lonxe, máis lonxe
    Cada balada é un dolor;
    voume soio, sin arrimo...
    ¡Miña terra, ¡adios!, ¡adios!
    ¡Adios tamén, queridiña!...
    ¡Adios por sempre quizais!...
    Dígoche este adios chorando
    desde a beiriña do mar.
    Non me olvides, queridiña,
    si morro de soidás...
    tantas légoas mar adentro...
    ¡Miña casiña!,¡meu lar!
    Eu de Marín ausenteime
    moi lonxe fun a vivir, (me fun vivir)
    pasei a vida chorando
    e suspirando, Marín, por ti BIS
    Eu non sei cantar,
    eu non sei reír,
    sen os airiños da ría,
    eu non sei cantar, eu non sei reír;
    sen os airiños da ría
    eu non sei cantar, eu non sei reir. BIS

    Miudiño... xa sabedes carallo... o que eu traio.
    «¡Ai, miudiño, miudiño, miudiño / o que eu traigo! / Eché un andar miudiño, miudiño, miudiño / o que eu traigo. / Que eu traigo unha borracheira de viño / que auga non bebo. / Mira, mira Maruxiña, mira / mirai como eu veño».
    http://www.elcomercio.es/20091031/cultura/pozu-maria-luisa-20091031.html Sánchez Ferlosio

    https://www.youtube.com/watch?v=AGQS_5Zlv2Y Con dos camas vacías

    Ni tú bordas pañuelos ni yo rompo contratos,
    ni yo mato por celos ni tú mueres por mí,
    antes de que me quieras como se quiere a un gato
    me largo con cualquiera que se parezca a tí.

    De par en par te abro las puertas que me cierras,
    me cuentan que el olvido no te sienta tan mal,
    la paz que has elegido es peor que mi guerra,
    aquella cama nido parece un hospital.

    Yo, en cambio, no he sabido ir a favor del viento
    que muerde las esquinas de esta ciudad impía,
    pobre aprendiz de brujo que escupe al firmamento
    desde un hotel de lujo con dos camas vacías.

    ¿Quién hará mi trabajo debajo de tu falda?,
    la boca que era mía ¿de qué boca será?,
    el roto de tu ombligo ya no me da la espalda
    cuando pierdo contigo lo que gano al billar.

    Aunque nunca me callo, guardo un par de secretos,
    lo digo de hombre a hombre, de mujer a mujer.
    Ni me caso con nadie, ni guardo pa´ mis nietos,
    por no tener no tengo, ni edad de merecer.

    Como pago al contado nunca me falta un beso,
    siempre que me confieso me doy la absolución,
    ya no cierro los bares ni hago tantos excesos,
    cada vez son más tristes las canciones de amor.

    https://www.youtube.com/watch?v=UVQ3_kugs8U 19 días y 500 noches

    https://www.youtube.com/watch?v=aPjZD4s_XcE&index=1&list=RDaPjZD4s_XcE Se acabó

    https://www.youtube.com/watch?v=6xVJidg5gYI Eclipse de mar, El diario no hablaba de ti

    miércoles, 10 de diciembre de 2014

    Poesía

    La segunda venida, poema de W. B. Yeats

    https://www.youtube.com/watch?v=OEunVObSnVM

    https://www.youtube.com/watch?v=MD-pugkGy1M

    The Hollow Men by T. S. Eliot

    https://www.youtube.com/watch?v=nwcP3NOCeiE

    Es amarga la verdad, poema de Francisco de Quevedo

    https://www.youtube.com/watch?v=HPCJy330Kt4

    Pues amarga la verdad,
    quiero echarla de la boca;
    y si al alma su hiel toca,
    esconderla es necedad.
    Sépase, pues libertad
    ha engendrado en mi pereza
    la pobreza.

    ¿Quién hace al tuerto galán
    y prudente al sin consejo?
    ¿Quién al avariento viejo
    le sirve de río Jordán?
    ¿Quién hace de piedras pan,
    sin ser el Dios verdadero?
    El dinero.

    ¿Quién con su fiereza espanta
    el cetro y ocrona al rey?
    ¿Quién, careciendo de ley,
    merece nombre de santa?
    ¿Quién con la humildad levanta
    a los cielos la cabeza?
    La pobreza.

    ¿Quién los jueces con pasión,
    sin ser ungüento, hace humanos,
    pues untándolos las manos
    los ablanda el corazón?
    ¿Quién gasta su opilación
    con oro y no con acero?
    El dinero.

    ¿Quién procura que se aleje
    del suelo la gloria vana?
    ¿Quién siendo toda cristiana,
    tiene la cara de hereje?
    ¿Quién hace que al hombre aqueje
    el desprecio y la tristeza?
    La pobreza.

    ¿Quién la Montaña derriba
    al Valle; la Hermosa al feo?
    ¿Quién podrá cuanto el deseo,
    aunque imposible, conciba?
    ¿Y quién lo de abajo arriba
    vuelve en el mundo ligero?
    El Dinero.

    viernes, 5 de diciembre de 2014

    Siglo XIX español


    Isabel II hacia 1835

    María Cristina, madre y regente de Isabel II


    Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII, tío de Isabel II, pretendiente al trono de España


    Extensión de la I Guerra Carlista (1833-1840)

     
    El abrazo de Vergara


    El general Espartero, elegido regente de Isabel II, tras el exilio de María Cristina, debido a sus éxitos militares durante la Primera Guerra Carlista, y a su vinculación al Partido Liberal Progresista.




    Fotografía de Isabel II de adulta


    Puente de Alcolea o Vicalvarada


    Leopoldo O'Donnell


    Prim en la batalla de Los Castillejos


    Los Borbones en pelotas, tal vez Bécquer


    Alcolea o Vicalvarada


    Mediterráneo sin cartera, de Enric Juliana en La Vanguardia




    CÓDIGO ABIERTO
    Entre 1976 y 2014, los sucesivos gobiernos españoles se han nutrido básicamente de la España central y andaluza, con adición gallega
    Vivimos en la era de la estadística. Fluyen los datos. Se cruzan, se pesan, se miden, se comparan, se relacionan y sobre ellos se erigen conclusiones, con mayor o menos fortuna. Las redes sociales aman los datos: no ocupan mucho espacio y generan movimiento. Un buen dato viene a ser como el wolframio aplicado el acero: blinda la opinión, la endurece, le afila el corte y la hace más resistente. En el gran festival de la subjetividad, en el actual mundo de la opinión a raudales, un relato con buenos datos reluce e invita a la discusión. Esta misma semana, la apertura del denominado Portal de Transparencia del Gobierno de España ha permitido contabilizar que hay 259 altos cargos que cobran más que el presidente. De inmediato la polémica: o los altos cargos cobran demasiado, o el jefe del Ejecutivo se queda corto de nómina. En este caso, los datos ayudan a defender la instauración de un baremo salarial más coherente, encabezado por el jefe del Estado y el presidente del Gobierno. Seguramente los altos cargos que más cobran no se habrán sentido cómodos viendo sus nombres en circulación. Ya circula por la red un ‘once’ con la alineación de los altos funcionarios de la Administración central mejor remunerados, entre ellos la presidenta de la Zona Franca de Vigo, lo cual no deja de ser una sorpresa.
    Con mucho menos ruido y furia, esta semana también ha circulado otra estadística a la que merecería prestar atención. Una estadística sobre el lugar de nacimiento de todos los ministros españoles desde 1977 hasta la fecha. Son datos extraídos de un amplio estudio sobre los gobiernos de la democracia (“Los ministros de la democracia. Reclutamiento político y carrera ministerial de Suárez a Zapatero, 1976-2010″) obra de Juan Rodríguez Teruel, profesor de Ciencias Políticas en la Universitat de Valéncia. Con cifras y referencias extraídas de este informe del profesor Rodríguez Teruel, el politólogo Ton Vilalta ha elaborado un interesante cuadro estadístico sobre el origen territorial de los hombres y mujeres que en el citado periodo han tenido la oportunidad y la responsabilidad de sentarse en la mesa del Consejo de Ministros. Porcentaje de ministros por comunidad, comparado con el peso demográfico de cada territorio autónomo. Son datos interesantes que desde hace unos días podemos leer en la web de ciencia política Cercle Gerrymandering, de la que Vilalta, un buen experto en política italiana, es colaborador.
    Evidentemente, un Gobierno no es una coordinadora regional, ni los ministerios se adjudican por estrictas cuotas territoriales, aunque la presencia femenina es un factor al que se presta atención desde que el primer ministro socialista José Luis Rodríguez Zapatero formase el primer Gobierno paritario de la historia política de España. Después de la dimisión de la ministra de Sanidad, Ana Mato, el actual Ejecutivo sólo cuenta con cuatro mujeres, sobre un total de catorce miembros, incluido el presidente. Un Gobierno no es un muestrario regional pero algunos datos del informe Rodríguez Teruel, trabajados por Vilalta, son significativos.
    La primera conclusión es harto previsible. El mayor porcentaje de ministros ha nacido en la ciudad de Madrid, capital de España, sede de los ministerios y de prácticamente todas las instituciones y organismos que configuran la Administración central del Estado. El 30 % de los ministros que tuvo España entre el primer gobierno de Adolfo Suárez y el último gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero nacieron en Madrid. Si añadimos al cómputo el actual gabinete de Mariano Rajoy, la constante se mantiene e incluso se incrementa. Siete de los 16 ministros nombrados por Rajoy hasta la fecha nacieron en Madrid. Casi la mitad.
    Después de los madrileños, vienen los castellanos (12%) y los andaluces (12%). Madrid, Castilla-Leñon y ndalucía han aportado más de la mitad de los ministros que ha tenido España desde la restauración de la democracia. Si trasladamos estos datos a un mapa, ante nuestros ojos aparecen el fuerte peso de la capital y el vasto dominio del antiguo reino de Castilla (una vez culminada la Reconquista). La periferia de raíz no castellana mejor representada en el Consejo de Ministros es Galicia, la tierra donde nació el actual presidente del Gobierno. A continuación vienen Catalunya, el País Vasco y la Comunidad Valenciana, por este orden. El territorio que menos ministros ha aportado al Gobierno de España en los últimos 38 años es Navarra, aunque muchos seguramente aún recordarán el vigoroso paso del socialista navarro Carlos Solchaga por los ministerios de Industria y Economía. La mayor desproporción entre ministros y peso demográfico se produce en Catalunya y Castilla-La Mancha. Por el contrario, son diversas las comunidades en las que la cuota de ministros en origen supera el porcentaje de población sobre el total español. En primer lugar, ya se lo pueden imaginar: Madrid. Después, Castilla-León, Galicia, País Vasco, Asturias, Cantabria y La Rioja.
    Un dato llama poderosamente la atención: el escaso peso políticop en los ministerios de Madrid de lo que mi buen amigo Josep Vicent Boira, profesor de Geografia en la Universitat de València, llama la “España del Este”. La España Oriental. Las regiones del Arco Mediterráneo. Catalunya, Valencia e Islas Baleares, junto con Murcia. Los territorios de la antigua Corona de Aragón, puesto que la actual ha región aragonesa tampoco ha aportado muchos ministros a la gobernación española (menos que Asturias), son poco ministeriales. Las comunidades del Arco Mediterráneo (Catalunya, Valencia, Baleares y Murcia) suman el 32,3% de la población española, producen el 33,4% del PIB, generan más del 40% de las exportaciones, lideran los ingresos turísticos, concentran el mayor número de pequeñas empresas y no contabilizan más del 15% de los ministros de la democracia. Creo que es un dato relevante que va más allá de la anécdota o de la curiosidad estadística.
    Podríamos decir que las comunidades del citado Arco Mediterréaneo son las que presentan –con matices en Murcia- la menor ratio de funcionarios por mil habitantes. Contribuyentes netas a la solidaridad interna española son también las comunidades que hoy presentan un mayor nivel de endeudamiento autonómico, lo cual puede deberse a dos motivos: A) la existencia de un misterioso gen mediterráneo de la deuda que predispone a los nativos al déficit. B) Las disfunciones de un laberíntico sistema de financiación del gasto autonómico que ha penalizado a las regiones mediterráneas por haber registrado una más aguda disminución de los ingresos fiscales, dada su estructura socioeconómica. Es probable que a finales de mayo, una vez celebradas las elecciones municipales y autonómicas, ese mismo Arco Mediterráneo presente, con muchos matices y diferencias en su interior, una notable singularidad política.
    Decía al principio que un Gobierno no es una coordinadora regional obligada a mantener una cierta equidad territorial. Buena parte de los ministerios suelen ser dirigidos por políticos que provienen de la diplomacia y los cuerpos superiores de la Administración central del Estado, cuya radicación y fermento se produce en Madrid. La Brigada Aranzadi es de robusta matriz castellana, con notables aportaciones vascas. (Manuel Aranzadi Irujo, fundador de la principal casa editorial de recopilaciones jurídicas y jurisprudenciales, fue uno de los pioneros del Partido Nacionalista Vasco en Navarra. Enemistado con los republicanos, tomó partido por los militares alzados en julio de 1936, rompiendo con sus compañeros del Euskadi Buru Batzar, con sede en Bilbao).
    Esa es la realidad de fondo, pero por ello no deja de llamar la atención la escasa presencia, hoy mismo, de la España mediterránea en el Consejo de Ministros. En el actual gabinete presidido por Mariano Rajoy ningún ministro ha nacido en Catalunya, Valencia y Baleares. Tampoco en Aragón o en Murcia. El actual Consejo lo componen un gallego (el presidente), cinco madrileños (José Manuel García-Margallo, Juan Ignacio Wert, Rafael Catalá y Luis de Guindos), tres castellano-leonesas (Soraya Sáenz de Santamaría, Isabel García Tejerina y Ana Pastor), dos vascos (Pedro Morenés y Alfonso Alonso), dos andaluces (Cristóbal Montoro y Fátima Báñez), un canario (José Manuel Soria) y un ministro nacido en Valladolid pero afincado desde joven en Catalunya, donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera política (Jorge Fernández-Díaz). Cinco ministros han nacido en Madrid y otros tres en Valladolid, las dos únicas ciudades que han tenido el título de capital de España.
    Son datos elocuentes que colorean y contribuyen a explicar la actual coyuntura política. Son datos que siguen dando sentido a este mapa de 1854, que no fue dibujado por ningún cartógrafo catalanista o republicano-federal, sino por un señor de Madrid que se llamaba Francisco Jorge Torres de Villegas, miembro de la Sociedad de Amigos del País. Entre 1851 y 1857, el citado Torres de Villegas publicó en dos volúmenes un extenso atlas sobre Europa y España contempladas desde distintos ángulos geográficos, jurídicos y políticos. En el mapa que viene a continuación –mapa que escogí para la portada del libro “La deriva de España”, publicado en el 2009- se dibujaban las cuatro Españas existentes, según “el régimen especial vigente en ellas”, en referencia al derecho civil. Torres de Villegas eligió unos nombres muy explícitos, cuya resonancia sigue siendo hoy tremendamente significativa: La España Uniforme o Puramente Constitucional. La España Incorporada o Asimilada. La España Foral. La España Colonial.
    Desde la restauración de la democracia, más del 75% de los ministros, incluidos los seis jefes de Gobierno que se han sucedido en la cabecera del Consejo de Ministros, han surgido de la España Uniforme o Plenamente Constitucional. La España Foral ha tenido un peso relativamente significativo, mientras que la España Incorporada o Asimilada, sigue haciendo honor a tan ilustrativo nombre. Mapas, mapas, mapas.

    jueves, 4 de diciembre de 2014

    Los economistas liberales de la escuela clásica

    EL LIBERALISMO ECONÓMICO
    En el siglo XVIII las teorías económicas existentes eran tres: el mercantilismo (heredado del siglo XVIII), la fisiocracia y el liberalismo económico.
    El liberalismo económico fue una teoría económica que tras surgir en el siglo XVIII se desarrolló en el siglo XIX a la par que la Revolución Industrial.
    Al liberalismo económico también se le llama escuela clásica de economía y sus principales teóricos fueron: Adam Smith, Malthus, David Ricardo, Stuart Mill. Las teorías propuestas por estos autores fueron retocadas por sus sucesores y adaptadas a los cambios experimentados por la economía industrial.
    La escuela económica clásica, al igual que el liberalismo político, es producto de la Ilustración. Los economistas clásicos están de acuerdo en estos aspectos fudamentales:
    - El mercado debe ser libre, es decir los precios y salarios deben ser marcados por la ley de la oferta y la demanda. Esta teoría, llamada librecmabismo, ve en los gremios, como más tarde en los sindicatos, un obstáculo para el libre desarrollo de als fuerzas económicas y para la creación de riqueza.
    - El librecambismo, contrario a los impuestos sobre el comercio (aranceles), sería lo contrario del mercantilismo, que daba protagonismo económico al estado.
    - La defensa del libre mercado y del librecambio lleva a los economistas clásicos a oponerse a la intervención del estado en la economía. Son los individuos los creadores de riqueza y el estado debe limitarse a defender a los ciudadanos contras las agresiones exteriores (ejército) y los desórdenes públicos (policía). Los impuestos debían limitarse a lo mínimo para mantener las instituciones de seguridad del estado.
    - Al ser los individuos los protagonistas de la economía estos debían poder actuar sin restricciones. Por ello una característica básica del liberalismo económico es la propiedad privada plena, sin límites. Los estados liberales aprobarán leyes que limiten o hagan desaparecer la propieda colectiva o inmovilizada -fuera del mercado- y esas normas aseguraron que cada individuo dispusiese de sus propiedades sin ninguna intromisión externa.

    Adam Smith (1723-1790)
    Es un autor británico perteneciente a la Ilustración. Sus escritos corresponden al inicio de la Revolución Industrial y se oponen a la teoría mercantilista hasta entonces dominante.
    El libro más importante de Adam Smith es Ensayo sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones publicado en 1776.
    Las principales teorías de Adam Smith son:
    - La riqueza de un país proviene del trabajo de las personas, esa riqueza depende del trabajo y no de la acumulación de metales preciosos (oro y plata).
    - La riqueza general surge de la combinación de las múltiples iniciativas individuales. La búsqueda de cada individuo de la satisfacción de sus necesidades y deseos lleva al crecimiento económico. Los posibles desequilibrios generados por esta situación, según Adam Smith, los regula el libre mercado mediante un mecanismo interno que llama la "mano invisible".



    La economía clásica es una escuela de pensamiento económico cuyos principales exponentes son Adam Smith,Jean-Baptiste Say y David Ricardo. Es considerada por muchos como la primera escuela económica moderna. Incluye también a autores como Karl Marx, Thomas Malthus, William Petty y Frédéric Bastiat, algunos incluyen, entre otros, aJohann Heinrich von Thünen. Habitualmente se considera que el último clásico fue John Stuart Mill.
    El término "economía clásica" fue acuñado por Marx para referirse a la Economía ricardiana – la economía de Ricardo y James Mill y sus antecesores – pero su uso se generalizó para describir también tanto a los seguidores de Ricardo y Mills como a todos los influidos por las percepciones generales de esos autores,1 incluido Marx mismo.2



    Normalmente se toma como comienzo de la economía clásica la publicación, en 1776, de la obra de Adam Smith Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones — más conocido como La riqueza de las naciones. La escuela estuvo activa hasta mediados del siglo XIX. A pesar de su rechazo al mercado libre, la escuela de economía más grande que todavía se adhiere a las formas clásicas es la escuela marxista. Sin embargo, la Nueva economía clásicaesta fuertemente influida por las percepciones generales de la escuela.
    Además de la obra de Smith, se considera que los textos fundamentales de la economía clásica son los Principios de economía política y tributación de Ricardo (1814)3 y los Principios de economía política, con algunas de sus aplicaciones a la filosofía social, de John Stuart Mill (1848)4 ambas fueron obras de uso generalizado en las cátedras de “economía política” hasta la introducción de los Principios de economía de Alfred Marshall (1890). Otro texto cuya importancia no puede ser ignorada es El Capital, de Marx (1867).
    Los economistas clásicos intentaron explicar el crecimiento y el desarrollo económico. Elaboraron sus teorías acerca del “estado progresivo” de las naciones en una época en la que el capitalismo se encontraba en pleno auge tras salir de una sociedad feudal y en la que la revolución industrial provocaba enormes cambios sociales.
    Los economistas clásicos reorientaron la economía, alejándose del análisis previo que se centraba en los intereses personales del gobernante y/o las clases gobernantes. El fisiócrata François Quesnay y Adam Smith, por ejemplo, identificaron la riqueza de la nación con el producto nacional bruto, en lugar de con la tesorería del rey o del estado. Smith veía este producto nacional como derivado del trabajo aplicado a la tierra y al capital. Ese producto nacional se divide "naturalmente" entre trabajadores, terratenientes y capitalistas, en la forma de salario, renta e interés.
    La economía clásica fue desplazada en gran parte por escuelas de pensamiento marginalistas, que derivaba su concepto de valor de la utilidad marginal que los consumidores encontraron en un bien en lugar del costo de los gastos envueltos en producirlo. Sin embargo, algunas de las percepciones clásicas fueron incorporadas en la escuela neoclásica, que se inició en el Reino Unido a partir del trabajo de Alfred Marshall.

    Según la tesis central de La riqueza de las naciones, la clave del bienestar social está en el crecimiento económico, que se potencia a través de la división del trabajo y la libre competencia. Según esta tesis, la división del trabajo, a su vez, se profundiza a medida que se amplía la extensión de los mercados y por ende la especialización. Por su parte, Adam Smith considera la libre competencia como el medio más idóneo de la economía, afirmando que las contradicciones engendradas por las leyes del mercado serían corregidas por lo que él denominó "la mano invisible" del sistema.1
    Una particularidad de la obra es el planteamiento de que, gracias a la apelación al egoísmo de los particulares se logra el bienestar general.6 Al respecto, Adam Smith afirmaba que "el hombre necesita casi constantemente la ayuda de sus semejantes, y es inútil pensar que lo atenderían solamente por benevolencia (...) No es la benevolencia del carnicero o del panadero la que los lleva a procurarnos nuestra comida, sino el cuidado que prestan a sus intereses".1
    Esto es muchas veces interpretado de forma imprecisa, como que simplemente el egoísmo lleva al bienestar general. Sin embargo, pasajes tanto de esta obra como de los sentimientos morales dejan en claro que en un sistema económico el interés personal no es la única motivación, ya que si así fuera, toda negociación resultaría imposible. El ser humano es capaz también de comprender el interés personal de su compañero y de llegar a un intercambio mutuamente beneficioso.1La empatía con el egoísmo del otro (en donde acentúa la siguiente frase: «dame lo que necesito y tendrás lo que deseas») y el reconocimiento de sus necesidades es la mejor forma de satisfacer las necesidades propias. El pensador y economista escocés subraya que la mayor parte de estas necesidades humanas se satisfacen por intercambio y por compra.1

    Entre sus aportes más importantes se destacan:
    • La diferenciación clara entre valor de uso y valor de cambio.
    • El reconocimiento de la división del trabajo, entendida como especialización de tareas, para la reducción de costos de producción.
    • La predicción de posibles conflictos entre los dueños de las fábricas y los trabajadores mal asalariados.
    • La acumulación de capital como fuente para el desarrollo económico.
    • La defensa del mercado competitivo como el mecanismo más eficiente de asignación de recursos.

    Malthusianismo[editar]

    Se da el nombre de malthusianismo o maltusianismo a la teoría demográfica, económica y sociopolítica, desarrollada por Malthus durante la revolución industrial, según la cual la capacidad de crecimiento de la población responde a una progresión geométrica, mientras que el ritmo de aumento de los recursos para su supervivencia sólo lo puede hacer en progresión aritmética. Según esta hipótesis, de no intervenir obstáculos represivos (guerras, pestes, etc.), el nacimiento de nuevos seres mantiene la población en el límite permitido por los medios de subsistencia, en el hambre y en la miseria.

    Influencia del malthusianismo[editar]

    Malthus fue muy influyente en el pensamiento económico, político, social y científico. Malthus sigue siendo un escritor de gran importancia y controversia.
    Influyó, a través de la novelista Harriet Martineau, en los biólogos evolucionistas, en particular en Charles Darwin y Alfred Russel Wallace, para quienes el malthusianismo era una especie de trampolín intelectual a la idea de selección natural y a la teoría de la evolución.
    La teoría de Malthus es un tema recurrente en las ciencias sociales. Por ejemplo, John Maynard Keynes, en su libro Las consecuencias económicas de la paz, abre la polémica con una imagen malthusiana sobre la economía política de Europa como inestable a causa de la presión demográfica malthusiana sobre los suministros de alimentos. Paul R. Ehrlich en su libro malthusiano La explosión demográfica (Population Bomb), ha jugado un papel importante en el movimiento ecologista de los años 1960 y ayudó a proporcionar una justificación para la investigación y desarrollo de métodos anticonceptivos.16
    Muchos modelos de crecimiento y agotamiento de los recursos tienen una inspiración malthusiana:
    • La tasa de consumo de energía superará la capacidad de encontrar y producir nuevas fuentes de energía por lo que se producirá una crisis que podría unirse a una crisis por el suministro de alimento si la población sigue creciendo.
    • El Club de Roma y su informe Los límites del crecimiento.
    • Organizaciones como Optimum Population Trust.17

    Críticas a Malthus[editar]

    Crítica de Marx[editar]

    Karl Marx, en una nota de El Capital, expone una de las primeras críticas a la teoría malthusiana. Marx considera la teoría demográfica de Malthus como un plagio superficial de autores tan distintos como Daniel Defoe, Benjamin Franklin, Alfred Russel Wallace y otros. Marx defiende, frente a Malthus, que el progreso en la ciencia y la tecnología permitirán el crecimiento exponencial de los recursos.18

    Desigualdad y pobreza[editar]

    Malthus entendía que los pobres se multiplicaban, presas del instinto de reproducción, aún en condiciones de miseria, entre otras cosas por su irresponsabilidad, fomentada, entendía Malthus, por las leyes de pobres inglesas que para Malthus suponían una liberación de la restricción moral y finalmente una carga innecesaria para el estado en forma de ayudas a padres e hijos que suponían costes innecesarios.
    Malthus estableció una relación importante entre población y riqueza (alimentos y otros bienes necesarios para la vida) pero mantuvo esa idea básica como constituyente inexorable de una sociedad desigual, donde unos ricos privilegiados no necesitaban una población excesiva si ésta podía ocasionarles gastos en forma de impuestos. En este sentido Malthus proporcionaba buena conciencia a las clases dominantes -la imprevisión de los pobres y su situación es responsabilidad exclusiva de ellos mismos- y fortalecía el orden social existente.19
    Una de las citas más renombradas de Malthus es la siguiente:
    Un hombre que nace en un mundo ya ocupado, si sus padres no pueden alimentarlo y si la sociedad no necesita su trabajo, no tiene ningún derecho a reclamar ni la más pequeña porción de alimento (de hecho, ese hombre sobra). En el gran banquete de la Naturaleza no se le ha reservado ningún cubierto. La naturaleza le ordena irse y no tarda mucho en cumplir su amenaza.20 21
    En otra versión:
    El hombre que nace en un mundo ya ocupado no tiene derecho alguno a reclamar una parte cualquiera de alimentación y está de más en el mundo. En el gran banquete de la naturaleza no hay cubierto para él. La naturaleza le exige que se vaya, y no tardará en ejecutar ella misma tal orden.22
    Sin embargo, aboga por disminuir en todo lo posible la desigualdad económica entre clases sociales. A lo largo del ensayo sobre la población, clama en numerosas ocasiones por medidas económicas encaminadas al aumento de la producción agrícola como único medio para aumentar la "riqueza de las naciones", que él mismo considera indisociable de un incremento en la felicidad de la población y en concreto en la mejora de la situación de las clases más desfavorecidas.
    Malthus defiende en última instancia que, a pesar de que sea inevitable que una parte de la sociedad viva en la miseria, se reduzcan las desigualdades económicas mediante el crecimiento de las clases medias. Para simplificar su posición a este respecto utiliza la metáfora de un comerciante de madera que desea explotar la madera de un roble, donde éste representa la sociedad:
    Las partes más valiosas de un roble [...] no son ni las raíces ni las ramas, y, sin embargo, éstas son indispensables para la existencia del tronco que se halla en el centro y es la parte deseada. El negociante en madera no pretenderá nunca [...] un roble sin raíces ni ramas, pero si encontrase alguna forma de cultivo que le permitiese aumentar [...] el tronco y disminuir [...] raíces y ramas, tendría razón para esforzarse por generalizar su aplicación. En igual modo, aun cuando no podemos pretender excluir la riqueza y la pobreza de la sociedad, si encontráramos una forma de gobierno que permitiese disminuir el número de personas de las zonas extremas y aumentar el de la zona media, tendríamos, sin duda, la obligación de adoptarla.23

    Previsiones "erróneas"[editar]

    Thomas Malthus afirmó en 1798 en su Ensayo sobre los principios de la población que pese a al progreso notable de la tecnología agrícola y de la producción de alimentos, el crecimiento de la población neutralizaría este progreso y una parte importante de la humanidad permanecería siempre en la miseria y el hambre. Los métodos anticonceptivos y el control de la natalidad, han limitado el crecimiento de la población en los países desarrollados, de manera la producción de alimentos ha sobrepasado el nivel necesario y la población ha abandonado la miseria y el hambre. Aunque su predicción aplica a todo el mundo subdesarrollado.

    Malthus economista[editar]

    Malthus defendía la estabilidad a largo plazo de la economía por encima del corto plazo. Criticó las leyes de pobres inglesas, apoyó –contrariamente a las posiciones de la economía clásica y en círculos cerrados– las proteccionistas Leyes del Maíz, que introdujeron un sistema de impuestos sobre las importaciones de trigo británico, ya que pensaba que estas medidas fomentarían la producción interna, y así promover los beneficios a largo plazo.
    La teoría de la población de Malthus ha contribuido a que la Economía sea conocida también como la ciencia lúgubre, nombre que le dio Thomas Carlyle.24
    Malthus también realizó importantes aportes a la teoría del valor y su medida, así como a la teoría de las crisis y el subconsumo.
    Una de las ideas que preocupaba a Malthus era lo que él llamaba el “atascamiento general”; guardando la distancia en el tiempo, tanto en el pasado, como hoy en día, muchas empresas producen bienes que él llamaba “esenciales”, como los alimentos, y los “no esenciales”, como son los artículos de lujo, deseados por las personas. Son muchas las empresas que han ido a la quiebra por producir grandes cantidades de bienes, que luego la gente no compra, ya sea porque no están interesados en ellos, porque no son motivadores, porque no los conocen o porque aparecen otros más innovadores y muchas veces más baratos.
     CRISIS DE SUBSISTENCIA DURANTE EL SIGLO XIX

    Publicaciones[editar]

    (Londres, 19 de diciembre de 1772 - ídem 11 de septiembre de 1823) fue un economista inglés de origen judío sefardí-portugués, miembro de la corriente de pensamiento clásico económico, y uno de los más influyentes junto a Adam Smith yThomas Malthus. Continuó y profundizó el análisis del circuito de producción de la república, cuyo origen se remonta a Quesnay y al fisiocratismo. Es considerado uno de los pioneros de la macroeconomía moderna por su análisis de la relación entre beneficios y salarios, uno de los iniciadores del razonamiento que daría lugar a la Ley de los rendimientos decrecientes y uno de los principales fundadores de la Teoría cuantitativa del dinero. Es por ello que es invocado por familias de pensamiento económico muy diferentes, desde los neoclásicos a los marxistas ingleses.


    Su obra más importante, labor por la que sería reconocido como uno de los economistas más importantes de la época, "Principios de economía política y tributación", apareció en 1817, y constituye la exposición más madura y precisa de la economía clásica; en el prefacio afirma que "el principal problema de la economía política es determinar las leyes que regulan la distribución". Con ese fin desarrolló una teoría del valor-trabajo. La teoría del valor-trabajo en la economía política clásica, la teoría del valor y una teoría de la distribución. Escribió también gran número de ensayos, cartas y notas que contienen aportaciones de importancia. Sin embargo, sus escritos resultan tan condensados y complejos que muchos lectores encuentran mejor expuestas sus ideas en los trabajos de Juan-Bautista Say, Thomas Malthus y John Ramsay McCulloch.
    Este economista, cuya labor es particularmente importante por el lugar destacado en que colocó al problema del valor, especialmente al poner de manifiesto con claridad que los problemas de la distribución dependen de la teoría del valor, según la cual el precio o valor de los bienes Teoría del valor como costo de producción| depende de los costos de producción; defendió la libre circulación de los productos agrícolas y enunció la Ley de hierro de los sueldos| ley de bronce de los salarios, según la cual "el salario se reduce a lo estrictamente necesario que permita al obrero subsistir y reproducirse", si el salario sube más de lo estrictamente necesario, la población aumentará y al haber mayor oferta de trabajo, los salarios bajarán, por el contrario si los salarios son inferiores a lo estrictamente necesario la población disminuirá, provocando con ello una escasez de mano de obra y por consiguiente un aumento en los salarios. Esta teoría influyó en Marx para afirmar que el obrero nunca disfrutaría de los beneficios del capitlismo

    Ideas económicas[editar]

    Dedicó una atención especial a la teoría del valor. Consideró que el valor de cambio de las mercancías, venía determinado por la cantidad de trabajo necesaria para su produccion, que Adam Smith lo consideró exacto en las sociedades primitivas, pero no en aquellas en donde la producción de los bienes requería a su vez capital y trabajo. Con respecto al valor del trabajo (salario), Ricardo consideró igualmente que vendría por el número de horas destinadas a la producción de los bienes de subsistencia, que permitiera mantener al trabajador y a su familia. El salario determinado por el mercado a través de la oferta y demanda de trabajo podía coincidir, o no, con este salario natural, pero oscilaría siempre alrededor de él. De tal forma que si ambos salarios no coinciden, se producirán movimientos de crecimiento o descenso de la población, según que el salario de mercado sea superior o inferior al natural, manteniéndose por tanto entre ellos una tendencia de equilibrio.

    Renta de la tierra[editar]

    Ricardo dedicó también gran atención al tema de la renta de la tierra. En esa época en Inglaterra, los propietarios no explotaban directamente sus tierras, en la mayoría de las ocasiones sino que las arrendaban.
    La tesis que mantiene es que la renta de la tierra es debida a la diferente fertilidad de la misma y a la ley de los rendimientos decrecientes. Según Ricardo cuando la población es baja con respecto a las tierras disponibles, solo serán cultivadas las mejores, no existiendo por tanto renta, ya que nadie estaría dispuesto a pagarla mientras existan otras igualmente buenas y no ocupadas. Lo mismo sucedería de no existir la ley de los rendimientos decrecientes, ya que si al aplicar mayor cantidad de trabajo y capital a una misma tierra, se obtiene de ella rendimientos proporcionales, solo se cultivarían las más fértiles y por lo tanto no habría renta.

    Comercio internacional[editar]

    La ventaja comparativa: Entre sus aportaciones destaca especialmente la teoría de la ventaja comparativa, que defiende las ventajas del comercio internacional y - en esencia - es una ampliación de la división del trabajo propuesta por Adam Smith y opuesta a las teorías proteccionistas (que defendían la producción del propio país y evitaban el comercio con el exterior). En su libro “Principles of Political Economy” de 1817, David Ricardo demostró que un país debe especializarse en aquellos bienes y servicios que pueda producir de manera más eficiente y adquirir, de otros países aquellos que produzca de manera menos eficiente, incluso cuando, en ocasiones, esto represente adquirir bienes extranjeros cuya producción final puede ser más eficiente. De esta manera, la teoría de David Ricardo hace énfasis en la productividad de los países. Tanto la teoría de la ventaja absoluta con la de la ventaja comparativa simplifican en sus modelos el comportamiento de la economía mucho más allá del ceteris paribus ordinario, en donde se estudia una variable y se dejan estáticas las demás. Aquí se están omitiendo factores como los que se mencionaron en el apartado anterior, por ejemplo: qué pasa cuando más de un país son los más eficientes en la producción u obtención de un bien en dos regiones distintas del mundo. Es sin embargo un gran acierto definir la ventaja de los países en la productividad, la cual se definirá más adelante en esta tesis. Sin embargo cabe destacar que es muy cierto que un país puede volverse más productivo en la obtención de cierto artículo gracias a aspectos como el desarrollo tecnológico.

    Ideas[edit]

    Ricardo became interested in economics after reading Adam Smith's The Wealth of Nations in 1799. He wrote his first economics article at age 37. Ricardo's idea became accepted in England and have become orthodox economic ideas in the modern western world where the government is seen as having a determining role in economic development.
    He was also an abolitionist, speaking at a meeting of the Court of the East India Company in March 1823, where he said he regarded slavery as stain on the character of the nation.[8] His sister, Hanna, had married David Samuda who owned a substantial number of slaves in Jamaica.[9]

    Comparative advantage[edit]

    Between 1500 and 1750 most economists advocated Mercantilism which promoted the idea of international trade for the purpose of gaining bullion by running a trade surplus with other countries. Ricardo challenged the idea that the purpose of trade was merely to accumulate gold or silver. With "comparative advantage" Ricardo argued in favour of industry specialisation and free trade. He attempted to prove, using simple mathematics, that industry specialization combined with free international trade always produces positive results. This theory expanded on the concept of absolute advantage.
    Ricardo argued that there is mutual national benefit from trade even if one country is more competitive in every area than its trading counterpart and that a nation should concentrate resources only on industries where it had a comparative advantage,[10] that is in those industries in which it has the greatest competitive edge. Ricardo suggested that national industries which were, in fact, profitable and internationally competitive should be jettisoned in favour of the most competitive industries. Ricardo's theory of comparative advantage assumes the existence of an industry and trade policy at a national level. It does not presume that business decisions are or should be made independently by entrepreneurs on the basis of viability or profit.
    Ricardo attempted to prove, using a simple numerical example, that international trade is always beneficial.[11] Paul Samuelson called the numbers used in Ricardo's numerical example dealing with trade between England and Portugal the "four magic numbers".[12] "In spite of the fact that the Portuguese could produce both cloth and wine with less amount of labor, Ricardo suggested that theoretically both countries benefit from trade with each other."
    As Joan Robinson subsequently pointed out in reality following an opening of free trade with England, Portugal endured centuries of economic underdevelopment: "the imposition of free trade on Portugal killed off a promising textile industry and left her with a slow-growing export market for wine, while for England, exports of cotton cloth led to accumulation, mechanisation and the whole spiralling growth of the industrial revolution". Robinson argued that Ricardo's example required that economies were in static equilibrium positions with full employment and that there could not be a trade deficit or a trade surplus. These conditions, she wrote, were not relevant to the real world. She also argued that Ricardo's theory did not take into account that some countries may be at different levels of development and that this raised the prospect of 'unequal exchange' which might hamper a country's development, as we saw in the case of Portugal.[13]

    Protectionism[edit]

    Like Adam Smith, Ricardo was an opponent of protectionism for national economies, especially for agriculture. He believed that the British "Corn Laws"—tariffs on agricultural products—ensured that less-productive domestic land would be harvested and rents would be driven up (Case & Fair 1999, pp. 812, 813). Thus, profits would be directed toward landlords and away from the emerging industrial capitalists. Since Ricardo believed landlords tended to squander their wealth on luxuries, rather than invest, he believed that the Corn Laws were leading to the stagnation of the British economy.[14] In 1846, his nephew John Lewis Ricardo, MP for Stoke-on-Trent, advocated free trade and the repeal of the Corn Laws.
    Modern empirical analysis of the Corn Laws yield mixed results.[15] Parliament repealed the Corn Laws in 1846.

    Value theory[edit]

    Ricardo's most famous work is his Principles of Political Economy and Taxation (1817). Ricardo opens the first chapter with a statement of the labour theory of value. His labour theory of value required several assumptions:
    1. both sectors have the same wage rate and the same profit rate;
    2. the capital employed in production is made up of wages only;
    3. the period of production has the same length for both goods.
    Ricardo himself realized that the second and third assumptions were quite unrealistic and hence admitted two exceptions to his labour theory of value:
    1. production periods may differ;
    2. the two production processes may employ instruments and equipment as capital and not just wages, and in very different proportions.
    Ricardo continued to work on his value theory to the end of his life.


    La ley de hierro de los sueldos, también conocida como ley de bronce de los salarios, fue una teoría económica expuesta por algunos economistas clásicos a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, según la cual los salarios reales tienden "de forma natural" hacia un nivel mínimo, que corresponde a las necesidades mínimas de subsistencia de los trabajadores. Cualquier incremento en los salarios por encima de este nivel provoca que las familias tengan un mayor número de hijos y por tanto un incremento de la población, y el consiguiente aumento de la competencia por obtener un empleo hará que los salarios se reduzcan de nuevo a ese mínimo.

    David Ricardo[editar]

    Es también el título de una publicación de 1817 escrita por el economista clásico David Ricardo (Iron law of wages), para explicar por qué los salarios bajan hasta el nivel de subsistencia, David Ricardo basaba su argumentación en la Ley de los rendimientos decrecientes de la tierra. A medida que las mejores tierras se iban ocupando, la creciente población se desplazaba a tierras con una productividad menor, es decir, tierras marginales. Cuando las tierras sólo dan para subsistir, el salario es por tanto de subsistencia. Debido a la competencia entre los trabajadores, además, ese salario será el mismo para todos los trabajadores (incluso para aquellos que trabajan en tierras con mayor productividad). El argumento de David Ricardo se puede extrapolar también a una economía industrial (no sólo agrícola) si suponemos también rendimientos decrecientes del factor capital.[cita requerida] No obstante, según el propio Ricardo, el precio de mercado de la mano de obra en una sociedad que se fuera dotando de mayores capitales y adelantos técnicos, podría superar la tasa de subsistencia durante mucho tiempo.
    Esta ley influyó en Karl Marx, en su temprana visión pesimista, acerca de la posibilidad de que los trabajadores puedan beneficiarse del capitalismo. Sin embargo, es un error frecuente considerar que Marx concuerda con Ricardo respecto de esta ley ya que para el primero, la cantidad y tipo de mercancías necesarias para reproducir la fuerza de trabajo tienen un carácter histórico y cultural; no necesariamente se encuentran en un nivel mínimo de subsistencia.
    Ferdinand Lassalle la divulgó posteriormente como "Ley de bronce económica" (Das echerne ökonomishe Gesetz, 1863), al compararla con la perennidad de las leyes escritas en placas de bronce.1

    Críticas[editar]

    Desde que se extendiera el control de natalidad, la observación de Malthus de que la oferta de trabajadores siempre excede la demanda ha dejado de sostenerse, y los salarios en la mayoría de los países se han elevado muy por encima del nivel de subsistencia, aunque se mantengan en dicho nivel en los países que no permiten controlar la natalidad.
    Algunos economistas modernos creen que las empresas pagan a sus trabajadores un plus sobre los niveles de subsistencia para hacerlos más eficientes. En la teoría de los salarios eficientes, las empresas se aseguran de que sus trabajadores tienen dinero suficiente para comprar comida y alojamiento porque los trabajadores que están adecuadamente alimentados y alojados adecuadamente son más productivos que los que no.
    Sin embargo esta explicación no tiene en consideración la ley de la oferta y la demanda, que es considerada por otros economistas. Según esta explicación los trabajadores entran y permanecen en un sector por los salarios ofrecidos. Las industrias en crecimiento ofrecen salarios más altos, obligando a las demás a pagar más para mantener a sus trabajadores, al menos mientras la oferta de trabajadores no exceda la demanda. Es decir, mientras más empresas existan los salarios son más altos en el mercado laboral, y mientras menos empresas existan los salarios son más bajos.
     The Iron Law of Wages is a proposed law of economics that asserts that real wages always tend, in the long run, toward the minimum wage necessary to sustain the life of the worker. The theory was first named by Ferdinand Lassalle in the mid-nineteenth century. Karl Marx and Friedrich Engels attribute the doctrine to Lassalle (notably in Marx's 1875 Critique of the Gotha Programme), the idea to Thomas Malthus's An Essay on the Principle of Population, and the terminology toGoethe's "great, eternal iron laws" in Das Göttliche.[1][2][3]

    The content of the iron law of wages has been attributed to economists writing earlier than Lassalle. For example, Antonella Stirati[7] notes that Joseph Schumpeterclaimed that Anne-Robert-Jacques Turgot first formulated the concept. Some (e.g., John Kenneth Galbraith[8]) attribute the idea to David Ricardo, who supposedly justified it on the basis of Malthus's theory of population. According to Terry Peach,[9] economists interpreting Ricardo as having a more flexible view of wages include Haney (1924), J. R. Hicks (1973), Frank Knight (1935), Ramsay (1836), George Stigler (1952), and Paul Samuelson (1979).
    Antonella Stirati disputes the attribution of the law's idea to Classical economists other than Malthus. She sees Ricardo, for example, as being closer to the more flexible views of population characteristic of economists prior to Malthus.[10] Ricardo drew a distinction between a natural price and a market price. For Ricardo, the natural price of labor was the cost of maintaining the laborer. However, Ricardo believed that the market price of labor or the actual wages paid could exceed subsistence level indefinitely due to countervailing economic tendencies:
    Notwithstanding the tendency of wages to conform to their natural rate, their market rate may, in an improving society, for an indefinite period, be constantly above it; for no sooner may the impulse, which an increased capital gives to a new demand for labor, be obeyed, than another increase of capital may produce the same effect; and thus, if the increase of capital be gradual and constant, the demand for labor may give a continued stimulus to an increase of people...[11]
    Furthermore, Ricardo not only believed that the market price of labor could long exceed the subsistence or natural wage but also claimed that the natural wage was not what was needed to physically sustain the laborer but depended on "habits and customs":
    It is not to be understood that the natural price of labor, estimated even in food and necessaries, is absolutely fixed and constant. It varies at different times in the same country, and very materially differs in different countries. It essentially depends on the habits and customs of the people. An English laborer would consider his wages under their natural rate, and too scanty to support a family, if they enabled him to purchase no other food than potatoes, and to live in no better habitation than a mud cabin; yet these moderate demands of nature are often deemed sufficient in countries where 'man's life is cheap', and his wants easily satisfied. Many of the conveniences now enjoyed in an English cottage, would have been thought luxuries in an earlier period of our history.[11]


    Economic philosophy[edit]

    Mill's early economic philosophy was one of free markets. However, he accepted interventions in the economy, such as a tax on alcohol, if there were sufficientutilitarian grounds. He also accepted the principle of legislative intervention for the purpose of animal welfare.[38] Mill originally believed that "equality of taxation" meant "equality of sacrifice" and that progressive taxation penalised those who worked harder and saved more and was therefore "a mild form of robbery".[39]
    Given an equal tax rate regardless of income, Mill agreed that inheritance should be taxed. A utilitarian society would agree that everyone should be equal one way or another. Therefore receiving inheritance would put one ahead of society unless taxed on the inheritance. Those who donate should consider and choose carefully where their money goes—some charities are more deserving than others. Considering public charities boards such as a government will disburse the money equally. However, a private charity board like a church would disburse the monies fairly to those who are in more need than others.[40]
    Later he altered his views toward a more socialist bent, adding chapters to his Principles of Political Economy in defence of a socialist outlook, and defending some socialist causes.[41] Within this revised work he also made the radical proposal that the whole wage system be abolished in favour of a co-operative wage system. Nonetheless, some of his views on the idea of flat taxation remained,[42] albeit altered in the third edition of the Principles of Political Economy to reflect a concern for differentiating restrictions on "unearned" incomes, which he favoured, and those on "earned" incomes, which he did not favour.[43]
    Mill's Principles, first published in 1848, was one of the most widely read of all books on economics in the period.[44] As Adam Smith's Wealth of Nations had during an earlier period, Mill's Principles dominated economics teaching. In the case of Oxford University it was the standard text until 1919, when it was replaced byMarshall's Principles of Economics.

    Economic democracy[edit]

    Mill promoted economic democracy instead of capitalism, in the manner of substituting capitalist businesses with worker cooperatives. He says:
    The form of association, however, which if mankind continue to improve, must be expected in the end to predominate, is not that which can exist between a capitalist as chief, and work-people without a voice in the management, but the association of the labourers themselves on terms of equality, collectively owning the capital with which they carry on their operations, and working under managers elected and removable by themselves.[45]

    Political democracy[edit]

    Mill's major work on political democracy, Considerations on Representative Government, defends two fundamental principles, extensive participation by citizens and enlightened competence of rulers.[46] The two values are obviously in tension, and some readers have concluded that he is an elitist democrat,[47] while others count him as an earlier participatory democrat.[48] In one section he appears to defend plural voting, in which more competent citizens are given extra votes (a view he later repudiated). But in chapter 3 he presents what is still one of the most eloquent cases for the value of participation by all citizens. He believed that the incompetence of the masses could eventually be overcome if they were given a chance to take part in politics, especially at the local level.
    Mill is one of the few political philosophers ever to serve in government as an elected official. In his three years in Parliament, he was more willing to compromise than the "radical" principles expressed in his writing would lead one to expect.[49]

    The environment[edit]

    Mill demonstrated an early insight into the value of the natural world – in particular in Book IV, chapter VI of "Principles of Political Economy": "Of the Stationary State"[50][51] in which Mill recognised wealth beyond the material, and argued that the logical conclusion of unlimited growth was destruction of the environment and a reduced quality of life. He concluded that a stationary state could be preferable to unending economic growth:
    I cannot, therefore, regard the stationary states of capital and wealth with the unaffected aversion so generally manifested towards it by political economists of the old school.
    If the earth must lose that great portion of its pleasantness which it owes to things that the unlimited increase of wealth and population would extirpate from it, for the mere purpose of enabling it to support a larger, but not a better or a happier population, I sincerely hope, for the sake of posterity, that they will be content to be stationary, long before necessity compel them to it.

    Economic development[edit]

    Mill regarded economic development as a function of land, labour and capital. While land and labour are the two original factors of production, capital is "a stock, previously accumulated of the products of former labour." Increase in wealth is possible only if land and capital help to increase production faster than the labour force. It is productive labour that is productive of wealth and capital accumulation. "The rate of capital accumulation is the function of the proportion of the labour force employed ' productively. Profits earned by employing unproductive labours are merely transfers of income; unproductive labour does not generate wealth or income" . It is productive labourers who do productive consumption. Productive consumption is that "which maintains and increase the productive capacity of the community." It implies that productive consumption is an input necessary to maintain productive labourers.[52]

    Control of population growth[edit]

    Mill supported the Malthusian theory of population. By population he meant the number of the working class only. He was therefore concerned about the growth in number of labourers who worked for hire. He believed that population control was essential for improving the condition of the working class so that they might enjoy the fruits of the technological progress and capital accumulation. Mill advocated birth control. In 1823 Mill and a friend were arrested while distributing pamphlets on birth control by Francis Place to women in working class areas.[53]

    Wage fund[edit]

    According to Mill, supply is very elastic in response to wages. Wages generally exceed the minimum subsistence level, and are paid out of capital. Hence, wages are limited by existing capital for paying wages. Thus, wage per worker can be derived by dividing the total circulating capital by the size of the working population. Wages can increase by an increase in the capital used in paying wages, or by decrease in the number of workers. If wages rise, supply of labour will rise. Competition among workers not only brings down wages, but also keeps some workers out of employment. This is based on Mill's notion that "demand for commodities is not demand for labourers". It means that income invested as advances of wages to labour creates employment, and not income spent on consumer goods. An increase in consumption causes a decline in investment. So increased investment leads to increases in the wage fund and to economic progress.

    Rate of capital accumulation[edit]

    According to Mill, the rate of capital accumulation depends on: (1) "the amount of fund from which saving can be made" or "the size of the net produce of the industry", and (2) the " disposition to save". Capital is the result of savings, and the savings come from the "abstinence from present consumption for the sake of future goods". Although capital is the result of saving, it is nevertheless consumed. This means saving is spending. Since saving depends on the net produce of the industry, it grows with profits and rent which go into making the net produce. On the other hand, the disposition to save depends on (1) the rate of profit and (2) the desire to save, or what Mill called "effective desire of accumulation". However, profit also depends on the cost of labour, and the rate of profit is the ratio of profits to wages. When profits rise or wages fall, the rate of profits increases, which in turn increases the rate of capital accumulation. Similarly, it is the desire to save which tends to increase the rate of capital accumulation.

    Rate of profit[edit]

    According to Mill, the ultimate tendency in an economy is for the rate of profit to decline due to diminishing returns in agriculture and increase in population at a Malthusian rate.[citation needed]

    Women's rights[edit]


    "A Feminine Philosopher". Caricature by Spy published in Vanity Fair in 1873.
    Mill saw women's issues as important and began to write in favour of greater rights for women. With this, Mill can be considered among the earliest women's rights advocates. His book The Subjection of Women (1861, published 1869) is one of the earliest written on this subject by a male author.[citation needed] In The Subjection of Women Mill attempts to prove that the legal subjugation of women is wrong and that it should give way to perfect equality.[32] He talks about the role of women in marriage and how he felt it needed to be changed. There, Mill comments on three major facets of women's lives that he felt are hindering them: society and gender construction, education, and marriage. He felt that the oppression of women was one of the few remaining relics from ancient times, a set of prejudices that severely impeded the progress of humanity.[33]
    Mill's ideas were opposed by Ernest Belfort Bax in his treatise, The Legal Subjection of Men.[34]

    II
    Mill toma el empirismo de Hume, el utilitarismo de Bentham, el asociacionismo psicológico de su padre, la teoría de la sociedad industrial de Saint-Simon y Comte. La idea de una irresistible marcha de la historia hacia la democracia y el riesgo de tiranía de la mayoría proviene de Tocqueville. Sin embargo, la síntesis de esos materiales es profundamente original. Mill es un utilitarista, pero su obra no se limita a reproducir el esquema individualista y el atomismo sociológico empirista. El utilitarismo es la teoría que convierte a la utilidad (entendida como felicidad o bienestar) en el único criterio de felicidad. Se trata de orientar la acción a lograr “la mayor felicidad para el mayor número”. Y por “felicidad” se entiende el placer y la ausencia de dolor, mientras que la “infelicidad” es el dolor y la privación del placer.
    ¿Pero, cómo definir la “felicidad del mayor número”? En este punto las teorías de Mill y de Bentham divergen:
    · Para Bentham la felicidad está vinculada a la CANTIDAD de placer. Es, pues, una concepción aritmética, agregativa.
    · Para Mill, por el contrario, lo importante es la CALIDAD de los placeres; por ello los placeres del espíritu son más importantes que los del cuerpo, y es preferible ser “un Sócrates insatisfecho” antes que un cerdo satisfecho.
    Un sabio no desearía volverse ignorante de la misma manera que un ser inteligente no desea ser imbécil. La felicidad y la utilidad se encuentran, pues, en la autorealización no del cualquier tipo de felicidad o de placer sino del que mayor universalidad pueda tener, imparcialmente considerado.
    Otra diferencia básica entre Mill y Bentham se halla en el papel de la felicidad.
    · Bentham considera que la felicidad del individuo se identifica con los intereses de la humanidad. Ir contra la satisfacción de un deseo individual es ir contra la humanidad de la que ese individuo forma parte porque toda satisfacción ha de ser considerada imparcialmente como dotada del mismo valor. Por eso a veces se le identifica con el UTILITARISMO INDIVIDUALISTA
    · Para Mill, en cambio, dado el estado actual de nuestras sociedades, debe distinguirse entre la satisfacción puramente privada y el bien público. Ciertamente debe trabajarse para reducir la diferencia entre ambos, pero entre tanto, el sacrificio de un individuo por el bien público debe considerarse la virtud más alta. De aquí que se designe su posición como UTILITARISMO ALTRUISTA.
    Maximizar la suma total de felicidad o de placer, considerando imparcialmente los intereses de todos aquellos que están concernidos por un acto en concreto, es el objetivo de cualquier decisión que un utilitarista consideraría justa. En todo caso hay que dejar claro que ningún sacrificio personal tiene valor por sí mismo, sino en la medida en que aumenta la suma total de felicidad. Y, por ello mismo, una individualidad vigorosa e inconformista, opuesta al prejuicio social pequeño burgués, movida por la imparcialidad en sus juicios y por la racionalidad lógica en el razonamiento, es más útil a la sociedad que una personalidad sumisa. Como dice el título del capítulo 3º de ON LIBERTY, la individualidad es uno de los elementos del bienestar.
    Mill es un inconformista y un reformista; en consecuencia considera que el individuo no tiene porqué dar cuenta a la sociedad de sus actos mientras éstos no afecten a nadie más que a sí mismo. Es lo que a veces se llama «principio del daño»: la sociedad sólo puede limitar la libertad de una persona si ésta amenaza con hacer daño a otra, pero nadie debe ser defendido contra sí mismo. Como es obvio si este principio se plantea así aparecen serios problemas: tal vez resulte difícil encontrar un acto cuyas consecuencias sólo me afecten a mí mismo (incluso el hecho de vestir de una u otra manera puede afectar a la gente con la que me encuentro, o a mis amigos). Para evitar esta crítica, no está de más observar cómo usa Mill, y en general el utilitarismo, la palabra “intereses”. El “principio del daño” se aplica porque resulta útil cuando se produce efectivamente –o podría producirse con gran seguridad– algún mal “a los intereses de otra persona”: es obvio que mis intereses no quedan perturbados si algún individuo va vestido de un horrible color verde o si predica el amor libre, aunque ni lo uno ni lo otro me gusten en absoluto.
    La sociedad, pues, no puede legislar sobre la vida privada. Más bien al contrario, la libertad es el derecho a la no-interferencia y, por ello, conlleva la protección de la diversidad contra toda opresión, entre las cuales la más temible es la que proviene del poder de una opinión pública que pretenda imponer sus vulgares costumbres o creencias. La libertad no consiste en someterse a la ley del número, ni se puede ver limitada por la tiranía de la mayoría. No hay ningún daño en la opinión: toda aplicación de este principio se produce en el ámbito de los derechos concretos. Pero el individuo debe dar cuenta de todo acto perjudicial para los intereses de los demás.
    La libertad política implica la participación en el poder y Mill es un demócrata convencido, pero pone por delante la libertad a la democracia (que es, en definitiva, un instrumento). Defiende, así, una democracia representativa en que estén reconocidos todos los pareceres y no sólo las mayorías. En una democracia las minorías deben poder hacerse oír y tener la posibilidad de triunfar mediante la fuerza de sus argumentos si son conformes a la razón.
    El Estado debe hacer obligatoria la educación precisamente porque la democracia necesita de la fuerza del conocimiento y de la argumentación para poder aumentar su diversidad; una sociedad educada es más libre aunque Mill es contrario a la escuela pública por miedo a la uniformización y al adoctrinamiento. La uniformización constituye para él un despotismo de la clase dirigente. Su pedagogía, por ejemplo, defiende que los exámenes sean optativos y que en ellos no se pueda obligar a adherirse a ninguna opinión sino que se incite al alumno a pensar por sí mismo. Por ello mismo era contrario a que para entrar en ciertas profesiones fuese obligatorio un título oficial, con lo que se evitaría que ciertos individuos –los funcionarios– tuviesen un poder despótico en tanto que examinadores.
    El meollo de una buena sociedad consiste en coordinar los intereses individuales. De hecho, el comercio es un buen ejemplo de tarea individual en que se logra coordinar intereses individuales y servir al interés general. Eso no significa que el estado deba renunciar a intervenir aunque procure ser mínimo para no dar demasiado poder a nadie. Más que en el estado, la utilidad mayor (y la eficiencia) se encuentra en los municipios y en las pequeñas comunidades. Mill es un liberal con objetivos sociales. De ahí su defensa, a la vez, de la economía liberal y de las organizaciones obreras, que le llevó a defender una especie de socialización más o menos libertaria del trabajo.
    En política, el estado debe garantizar la igualdad de oportunidades. Algunas cosas (la educación, la sanidad, etc.) deben ser legisladas precisamente para conseguir la mayor utilidad general. La desregulación no puede, pues, ser una norma general e invariable. Un ejemplo muy típico es el del horario de trabajo que, según Mill, (que en eso sigue a Smith) debe ser legislado y limitado porque individuos aislados no podrían defender el interés general.
    Mill reconoció a los socialistas utópicos de su época (Saint-Simon, Owen, Fourier) el mérito de haber sido los primeros en la defensa de la emancipación de la mujer. De hecho, una de sus condiciones para ser candidato a Westminister fue la de poder batallar por el derecho al voto femenino. Su feminismo tiene que ver profundamente con su idea de que la libertad es cualitativa, no divisible y que debe conducir a una sociedad equilibrada.
    III

    Para Mill: «la cuestión de los fines supremos no es susceptible de ser probada directamente» (UTILITARISMO), sólo mediante el análisis de sus consecuencias podemos saber si una acción es buena o deseable. Si entre dos principios morales queremos saber cuál es el mejor, hay que tener en cuenta tanto la cantidad como la calidad de sus consecuencias. Por eso es especialmente valioso el juicio de quienes, siendo personas competentes, han conocido diversos modos de existencia. No veremos a un sabio aceptar convertirse en ignorante, o a un hombre descender a la categoría de animal. Lo bueno es siempre lo cualitativamente deseable y lo socialmente útil y no puede ampararse en ningún tipo de autoridad externa. Para poder valorar un criterio o una regla como efectivamente moral debe ser de valor universal, debe procederse a una valoración imparcial de los intereses afectados por un determinado criterio y las consecuencias derivadas de su aplicación han de incrementar la felicidad (bienestar) general. Todo, incluso la virtud desinteresada, tiene unas consecuencias que deben ser evaluadas empíricamente.
    La cuestión de la libertad debe ser entendida, pues, en el contexto de la efectividad y de la utilidad de la libertad para la felicidad. La libertad es instrumentalmente valiosa, pero no “intrínsecamente” valiosa: lo intrínsecamente valioso es la felicidad. Sería un error considerar que Mill habla de la libertad natural cuando su criterio implica que los humanos participan de una sociedad política, la única que en definitiva puede evaluar las consecuencias de la libertad como criterio. Es por ello que no todos los individuos pueden gozar de total libertad: los niños no han de ser libres, por ejemplo, para decidir si quieren, o no, aprender a leer y lo mismo podría decirse de algunas deficiencias psíquicas o de la barbarie –extremo éste que algunos han considerado colonialista, pero que en Mill no implica ningún significado racial ni xenófobo.
    Como empirista, el utilitarismo es constructivista. Que los sentimientos morales no sean innatos conlleva que la demostración de su “naturalidad” (UTILITARISMO, cap. III) sólo pueda ser social. Como dice el propio Mill: «Es natural en el hombre hablar, razonar, construir ciudades y cultivar la tierra aunque éstas sean facultades adquiridas». En las acciones morales hay “esa poderosa base natural de sentimientos” que nos los hace sentir como necesarios; pero “el interés y la simpatía” nos llevan a considerar necesariamente a toda la humanidad entendida como totalidad política. La libertad, como la felicidad, ha de ser deseada desinteresadamente pero eso no empece que se trate también de principios normativos validados y confirmados por la experiencia, es decir, por el comportamiento de las sociedades humanas.
    En resumen, para el utilitarismo: «Los ingredientes de la felicidad son varios; cada uno de ellos es deseable por sí mismo, y no solamente cuando se le considera unido al todo». Que algo sea deseado por los individuos mejores muestra que es deseable. 

    La obra Sobre la libertad de Mill se dirige a la naturaleza y límites del poder que puede ser ejercido legítimamente por la sociedad sobre el individuo. Uno de los argumentos que mantenia Mill es el principio del daño o principio del perjuicio (harm principle). Éste mantiene que cada individuo tiene el derecho a actuar de acuerdo a su propia voluntad en tanto que tales acciones no perjudiquen o dañen a otros. Si la realización de la acción solo abarca la propia persona, esto es, si solo afecta directamente al individuo ejecutor; la sociedad no tiene derecho alguno a intervenir, incluso si cree que el ejecutor se está perjudicando a sí mismo. Sostiene, sin embargo, que los individuos están exentos del derecho a llevar a cabo acciones que puedan causar daños perdurables y graves sobre su persona o propiedades según postula el harm principle. En tanto que nadie existe en absoluto ostracismo, el daño que recibe uno mismo también perjudica a otros y el destruir propiedades afecta a la comunidad tanto como a uno mismo.[1] Mill excluye a aquellos que son "incapaces de autogobierno" de tal principio, tales como niños en edad temprana o aquellos que viven en "estados socialmente atrasados" (backward states of society).


     http://personal.us.es/escartin/John_S_%20Mill.pdf